Ya no me doy miedo.
Últimamente la vida me ha recordado dos tipos de mantras que me resuenan muchísimo. El primero dice: "Con el tiempo no te haces más joven." Lo repito para convencerme de hacer esas visitas médicas que tanto me aterran porque sí, en mi árbol genealógico no me heredaron bienes materiales, pero sí un sinfín de enfermedades donde la diabetes es lo de menos. El segundo me regresa inmediatamente a mi padre y a esos sermones de más de una hora durante mi adolescencia que siempre terminaban igual. "Uno demuestra lo que es cuando cree que nadie lo está viendo." Más de una vez me he descubierto siendo mi padre al tratar de hacerle entender al papá de mi hijo que hay cosas más importantes que el hedonismo. Qué curioso. Los dos mantras parecen hablar de cosas completamente distintas y, sin embargo, siempre terminan llevándome exactamente al mismo lugar: el miedo. Nunca le he tenido miedo a la muerte. Ni siquiera cuando, a los diecinueve años, casi muero por un aborto inconcluso...
